domingo, 26 de julio de 2009

El día que dejé de ser católico

Nací al final de la década de los cincuenta, transcurrió mi niñez entre los años 60 y 70. Época turbulenta aquella. Los asesinatos de John y Robert Kennedy, el hombre pisó por primera vez la Luna, la guerra de Vietnam, el movimiento hippie, la liberación femenina, la píldora anticonceptiva, llegó el primer televisor a casa, empezaron a llegar los primeros teléfonos, las primeras minifaldas, los primeros bikinis, la mariguana... demonios!, pensándolo bien no sé como logré sobrevivir, santo debo ser.

Crecí en el seno de una familia católica. En el medio de ese caótico mundo, me crié. Mi madre fiel creyente de su fe, hizo lo que pudo con este espíritu libre, de pensamiento lógico que siempre fue un intransigente justiciero. Mi padre, casi siempre ausente, no fue factor de ajuste sino hasta la adolescencia. Muy tarde era ya. Tenía mente propia, cuestionaba todo y aún lo hago. Nunca me entró el asunto de Adam y Eva, Caín y Abel y el resto de las pamplinas simbólicas que querían espetarles a fuerza de cocotasos a los niños de la época. A pesar de todo lo explicado, era un niño normal. Fui sometido, como todos los demás, a las aburridas y eternas horas de misa, a los ritos y procesiones típicas de una iglesia que aún hoy día se mantiene en la Edad Media. Contrario a la intensión, lograron que detestara el dogma y comenzara una búsqueda interior hacia la verdadera razón del ser. La pesquisa comenzó con la Biblia, luego Darwin y al sol de hoy vivo feliz con una teoría bastante personal y concreta en su mayoría definida por la física cuántica. Las clases de civismo por el contrario me hacían mucha lógica y entiendo hicieron de mi un ciudadano que cumple y aporta positivamente a sus obligaciones comunitarias.

Ahora viene la parte cómica de la historia. Mi amada madre, fiel devota, primera voluntaria en las actividades de la iglesia, cada vez que hacia falta un niño para disfrazarlo de pastor, rey mago, soldado romano o San José llevaba ¿adivinen a quien? Si, aha, ese mismo, el mismísimo Yo. ¿Me imaginan? Un bacalao flaco, vestido con un disfraz de rey mago, con una barba de pelo, que no quiero saber de que era, con una cabrita apestosa disparando pepitas a diestra y siniestra, en un condenao pesebre lleno de paja y mierda, odiando el día en que nací. Pobrecito, verdad. Pobre de mi sería si decía algo o me quejaba. Así era antes, "los niños hablan cuando las gallinas mean". Que dulce, que tierno, que conmovedor verdad.

Pero el día en que mi madre botó la bola, fue cuando me vistió de San José con calva y hábito en tela de saco. Con la maldita cabra y todo lo demás. Entre el hábito y la peluca me dio una alergia en la piel que me arrancaba los cantos rascándome. Así me llevaron en una carroza desde el barrio hasta el pueblo, al tenderete de sol, sudando como animal y siendo el hazmerreir ante todos mis amiguitos y adultos hijos de putas que se reían cuando pasaba. No, lo sé, no lo supero, me condena ver que disfracen a un pobre niño, sin su consentimiento. Todavía hoy, no se como no me tire de la carroza pa suicidarme.

Bueno pasaron los años y ya no me dejaba disfrazar. Pero mi madre persistente aún insistía con la religión, tenía que salvarnos. Íbamos a misa en la capilla del barrio del que pocas veces había salido. El cura daba la misa en la capilla dos veces al mes, era entonces que tenias que confesarte para poder comulgar. Recuerdo que en los días calurosos el cura se sentaba debajo de un árbol y uno se arrodillaba al lado para decirles los pecados. Si, aha, a la vista de todos. Todos podían ver la cara y los gestos del cura si tu pecado era grande. Todo el barrio se enteraba de que aquellas maldades que habías hecho eran algo más que travesuras.

Pero, como ya yo no quería ir a la iglesia, buscaba cualquier pretexto para desaparecer. En esta ocasión deje pasar la misa del barrio, lo que provoco que mi madre se molestara mucho y me obligo a confesarme en el pueblo, cosa que no había hecho nunca, pues apenas visitaba el pueblo. El cura del pueblo para ese entonces, era este viejo español amargado, malcriado e inquisidor, del que no recuerdo su nombre. Solo recuerdo que tenia rango, que todos le llamaban Monseñor y que era temido por todos los niños de la comarca. Como estaba asustado por lo que sería la primera experiencia de viajar solo en guagua pisicorre al pueblo para ir a confesarme con Monseñor, le pregunté a mi madre que podía esperar y ella me contestó: "Es lo mismo mijo, quizás te pregunte que cuanto tiempo hace que no te confiesas y como tú no te acuerdas y no le vas a mentir, le dices que no te acuerdas". Esas palabras se grabaron con sangre en mi mente para siempre.

Cuando llego al pueblo, con un miedo terrible, me toca hacer una fila gigantesca de semana santa. Mientras más me acercaba al confesionario, más grande se hacia la fila tras de mi. La iglesia era antigua, grande y de techos altísimos. El más delicado timbre de voz en una conversación, provocaba ecos sonoros que interrumpían la misa y enfurecían al Monseñor. A esta hora, ya el viejo debía estar bastante encojonao de tener que escucharle los pecados a todo el pueblo, cuando le toca el turno al hijo de mi madre. Me arrodillo y escucho de mala gana:

"Ave Maria Purísima",y yo asustao "sin pecado concevida" contesté. Monseñor debió preguntarme:
"cuales son tus pecados" pero juro todavía hoy que yo escuche claramente:
"cuanto haces que no te confiesas", a lo que contesté, "no me acuerdo".

Acto seguido, se encabrona el viejo y grita "Y a que carajo viene a confesarse si no se acuerda de sus pecados", todavía se me paran los pelos al contarlo, el grito se escucho por todos los rincones del pueblo, un frío gélido recorrió mi espina, comencé a hiperventilar, me puse jincho, estaba sudando. En la fila detrás de mi se bebían las lagrimas de reírse, mientras yo desesperado me debatía entre ver como carajo desaparecía del confesionario o me le cagaba en la madre a Monseñor o hacía ambas cosas. Segundos eternos fueron esos. Que hago, que hago, no tenía remedio, tenía que salir. Mientras Monseñor gritaba " que me digas los pecados coño". Con terror abrí la cortina para ver la fila de pecadores riéndose de mi, señalándome, como si yo no supiera que era de mi que se reían. Salí disparado como alma que lleva el diablo de aquel confesionario, empujando a todos por el pasillo de la iglesia, brincando los bancos para acortar camino y maldiciendo la hora en que entré. Debo haberme parecido a Forrest Gump, "corre Forrest corre". Corrí, lloré, corrí, casi llego a casa corriendo, cuando me detuve, estaba sudado, asfixiado y asustado. Me senté a analizar lo sucedido y pensar lo que diría en casa. No dije nada, así no mentiría. Nunca me volví a confesar, siempre le mentí a mi madre para su tranquilidad y la mía. Suerte tuve y mis padres no se enteraron, sino encima del bochorno y la humillación me darían mis buenos correazos, sugeridos de seguro por el mismo Monseñor.

Hasta aquí pensaba yo que la religión se heredaba, que tenía que ser católico, porque mis padres así lo eran. Pero noup, nah, nah, lezna eh, no señor, ese día me decidí. Aquí no me cogen más, de mi no se vuelven a reír. De ahora en adelante voy a ser ateo.

Las fotos son ficticias, la historia no. Continuará un día de estos.

16 comentarios:

C dijo...

ja,ja, ja, yo también me vestí de pastorcillo...

Edwin dijo...

"Muy divertida y real tu historia, el único error es que Monserñor Roman Ruiz era de Rio Piedras tan Boricua como tu."

Borincano dijo...

Edwin

Me da gusto que estés por aquí. Desconocía la procedencia de Monseñor y su nombre. Quiere decir entonces que su zezeo era producto del seminario. Tu si que debes tener historias de Roman Ruiz. Luego me las cuentas. Un abrazo amigo.

José dijo...

Me identifiqué mucho con tu escrito "El día que dejé de ser católico". Yo pasé por algunas de esas mismas experiencias y desde los 16 años "no creo ni en la luz eléctrica". :-)

José

Siluz dijo...

Muy ameno tu relato, lo cuentas en una forma tan simpática que da gusto la lectura. ¿O será que uno puede identificarse contigo? Espero la continuación.

La Colorá dijo...

"jajajajaja.. De verdad q se me salieron las lagrimas de tanto reirme..."

Yadiza dijo...

"Me meo, me meo...jajajajaja!!!! Puedo cerrar los ojos e imaginarte contándomelo en vivo y a todo color. Esa es la mejor parte de cuando escribes... =)"

Vilma dijo...

¡Qué genial! A través de este relato es fácil entender el porqué nuestra generación es como es. Tantos elementos contradictorios azotándonos de todas partes no podía más que producir una generación de rebeldes inconformes soñadores que cuestionan todo.

Carmen dijo...

hola espero estés bien y toda tu familia chico no sabes cuanto me hiciste reír como loca con el temita el día que deje de ser católico créeme estas pasaooo cariños q bueno saber de ti cuídate y gracias por tu magia de hacer reír

Henry dijo...

Tu relato de la confesión me hizo recordar a la maestra de religión del segundo grado del colegio católico en donde estudié. La muy bruta fue capaz de decirnos a todos los niños de la clase que los pecados eran como sapos, que según íbamos confesandolos así iban saliendo de nuestras bocas hacías afuera, pero si dejábamos de confesar un solo pecado eso era suficiente para que todos los sapos que ya nos habían salido volvieran a entrar. Esa fue la enseñanza que tuve en ese colegio católico en los años sesenta. Te imaginarás la impresión causada en la mente de un niño de segundo grado, que aún hoy, después de tantos años no he podido olvidar semejante estupidez. Me encantan tus escritos y te felicito por ello.

Anónimo dijo...

muy buena tu historia me rei muchisimo yo no creo mucho en las religiones , creo k es el mejor negocio del mundo y desprestigian a dios si es k existe , me considero agnostico y no ateo ,te contare algo cuando tenia como 14 años mis amigos siempre iban a casa del cura a comer o tomar once ( hora del te en chile)y un dia yo los acompañe a lo k el cura los hacia pasa r uno en uno a su oficina segun el para revisar el cuerpo , pero el se quebada pegado en el pene eso me contaron los k pasaron antes k yo , cuando yo entre me dijo k me revisaria y yo con mi mejor español chileno lo mande a la concha de su madre, para mis amigos era normal pero como yo no iba nunca no me gusto ,ahora elpobre viejo esta super emfermo parkinson ,bueno eso queria contarte ... saludos

rodolfo berrios

Borincano dijo...

Hola Rodolfo,

Lamento tu experiencia, pero yo en mi caso no generalizo. "Donde quiera se cuecen habas". También han existido grandes personalidades en la religión católica.

Evelyn dijo...

"Fabuloso. Me encanto."

Evelyn dijo...

"Fabuloso. Me encanto."

Jhon Peralta dijo...

¿y por eso te volviste ateo? gente mala por todos lados abundan... graciosa tu historia, pero debió ser traumática, tanto que hasta ahora te acuerdas... si te contara la mía... sin embargo no dejaría de ser católico...aquí soy feliz a pesar de que haya gente mala... también he conocido gente excelentemente buena, entre ellos mis padres!. Una cosa... ¿Tuvo más poder sobre el grito de un cura que el amor de tu madre de llevarte a una iglesia?... Yo me hubiera quedado ^^ y me quedé.. porque mis padres son católicos y son los mejores para mi.

Anónimo dijo...

Interesante historia. Has considerado que tal vez tu experiencia con la espiritualidad es mas una decepcion personal que lo que realmente es todo eso? Es i pensar que la espiritualidad, no la religion, es una experiencia en la cual se descubren los diferentes aspectos de la misma de pforma personal. No debe ser una creencia, pues es muy probable que yo no crea como todos creen.

Una situacion parecide me llevo a considerar al Espiritismo cientifico como una alternativa a obtener explicaciones de la vida. No pienses que tiene que ver con rituales o adivinaciones o cuarzos o cualquier fetiche de esos, no. Es una ciencia filosofica de consecuencias morales. hay una pagina llamada educacion espirita .com donde explica parte de eso.
Nada deja de existir por negarlo, por lo que te recomiendo que sigas explorando segun tu razon te mueva a ir descubriendo tu sentido espiritual y la razon de la vida.
Exito!

Apture

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